
La idea de política que sustenta el kirchnerismo está directamente ligada a la palabra poder, y éste para el matrimonio presidencial pasa por el control de la economía. Si tuviéramos que resumir en una frase el concepto K sobre la política y el dinero en la Argentina, esta sería la CAJA.
Podrá decirse que siempre ha existido, históricamente, una relación entre el dinero y el poder. En la pequeña Río Gallegos, la Caja personal de Nestor Kirchner lo transformó en un dirigente con buen poder de fuego. Pagó campañas electorales y comprobó lo que otros ya habían probado, que la felicidad en política está estampada en papeles de curso legal.
Como intendente primero y como gobernador de Santa Cruz después, vio que a medida que multiplicaba la Caja pública, crecía su poder político. En distintas visitas a aquella provincia, Carlos Menem aplaudía de su compañero de boleta electoral, su obsesión por las cuentas provinciales y por el superávit.
Es cierto que a Kirchner le gustaba elogiar en público al entonces presidente, pero también es cierto que ya tenía en claro que algún día querría ocupar su lugar. Para hacerlo, sabía que debía independizarse de los fondos que el gobierno central giraba periódicamente a los gobernadores y que los hacía menemdependientes. (Revista Noticias nº1543, año 2006).
Desde la llamada transversalidad los sueños kirchneristas pasan por la acumulación de poder, un poder que se sustenta en el dinero que recauda y con el que domina al resto de la explanada política. A esta caja, los Kirchner la utilizan como una herramienta con la que disciplinan instituciones, gobernadores, intendentes, sindicalistas, medios de comunicación y sectores empresarios, logrando por medio de ella la mayor acumulación de poder político-institucional que registra un presidente constitucional argentino, similar a la de Perón entre 1946 y 1955.
Sin ir mas lejos los últimos números oficiales de abril indican que el Gobierno anunció que el superávit fiscal primario fue de 2789,9 millones de pesos, un 73% más que en igual mes del año anterior, y ya son sabidas las famosas tasas de crecimientos chinas cercanas un 9% anual.
Aún así, Cristina Frenandez de Kirchner tiene grandes dificultades, ya que a solo 6 meses de haber ganado las elecciones presidenciales con casi el 45% de los votos, la estrecha y directa relación entre el superávit fiscal y el poder político del kirchnerismo parece haber entrado en crisis por cuatro causas, que combinan lo político y lo económico.
La primera es el aumento de la inflación, que en el segundo trimestre ha sido el récord en cinco años. Las proyecciones hablan de 30% anual o más, similar al nivel de Venezuela. Los dos países no sólo tienen la más alta de América latina, sino que también se encuentran en la decena con inflación más alta del mundo. Los alimentos crecen más que el promedio y ello está aumentando la pobreza y la indigencia y reduciendo el consenso del Gobierno.
La segunda es el incremento del gasto público. El año pasado, con motivo de las elecciones presidenciales, fue el más alto de América latina, con un aumento del 50%. Este año habría crecido 40% hasta marzo y 30% desde entonces. Esta es una de las causas de la escalada inflacionaria. Lo sensato sería dejar de aumentar el gasto público, pero ello implica que la caja –para seguir girando fondos a provincias, gobernadores, sindicalistas y empresarios– disminuye, lo que resulta inviable para el modelo de poder kirchnerista.
La tercera es el tipo de cambio. Un economista puede decir, con fundamento, que dejando caer o revaluar el dólar la inflación se frena, y económicamente es así. Pero el Gobierno no utilizará este instrumento, porque si revalúa, no sólo la industria pierde competividad, sino que los ingresos por exportaciones caen, recibiendo el Gobierno menos pesos por cada dólar que se exporta. Ello reduce la caja y en consecuencia el poder político del Gobierno para asegurarse lealtades.
La cuarta es que se ha abierto la discusión política sobre las retenciones. Una década atrás, las provincias recibían 49% de lo que recaudaba el Estado nacional y ahora sólo 30%. Terminan recibiendo más, a través del gasto discrecional que determina el jefe de Gabinete –en los hechos, lo decide el ex presidente Kirchner–, pero esto es discrecional y constituye el uso efectivo de los recursos como instrumento disciplinador. A poco de asumir Cristina, fue el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, quien cuestionó las retenciones, que no se coparticipan. El conflicto con el agro hizo que las municipalidades rurales hicieran la cuenta de cuánto aportan al Gobierno nacional por retenciones y cuánto reciben a cambio. Es por ello que por primera vez en más de un año, el Senado reunió su Comisión de Coparticipación.
Estos cuatro puntos explican la caida de la imagen presidencial. Desde que empezó el conflicto con el campo, hace poco más de dos meses, la imagen positiva de Cristina Kirchner bajó 21 puntos y suma una caída de 30 puntos en lo que va del año. La Presidenta, que llegó al poder en diciembre con 51 puntos de imagen positiva y trepó a 56 en enero, desde entonces empezó un descenso que primero fue leve y en los últimos 60 días se volvió abrupto, hasta ubicarse este mes en apenas 26 puntos.
Lo que el matrimonio no debe olvidar es que la Caja no es todopoderosa, que el dinero no compra lealtades, sino que en realidad, sólo las alquila, genera adhesiones políticas frágiles, que se quiebran cuando la caja escasea o la situación política de quien manda se debilita, o se torna endeble o peligrosa.
CORDOBA: todo por un dolar

La política en Córdoba no es la canción de Ignacio Copani, pero bastante se le parece. Mientras los políticos están en el poder, soportan lo que sea por parte del estado nacional con tal que “tiren unos mangos” para obras públicas, pero ni bien se bajan de sus respectivos sillones muestran sus verdaderas lealtades políticas. Este fue el caso del ex gobernador José Manuel De La Sota y del ex intendente Luís Juez, ambos casi hasta el final de su gestión se llevaban bien con los Kirchner, pero una vez que sus segundos tomaron el poder, los dos tiraron con toda la munición posible al matrimonio pingüino.
Actualmente, debido al conflicto del campo, la situación ha cambiado un poco. El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, tuvo que tomar una postura distante de los Kirchner para responder a todos los votos que había obtenido del interior provincial (lease campo).
Por esta circunstancia al mandatario cordobés lo tienen en penitencia y no le envian el dinero para saldar la caja de jubilaciones, ni el dinero prometido en obras.
Mientras tanto, el intendente de Córdoba, Daniel Giagomino, continúa sentado a la derecha de Cristina todo poderosa rezando por que todas las promesas realizadas por la señora presidenta sean ciertas.

